Reflexiones ambientales en tiempos de pandemia

Rectificar es de Sapiens

Sería de gran interés decidir qué es un momento perfecto para las segundas oportunidades. Se dice que el humano es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra y es quizá este hecho tan nuestro uno de los factores que puede ayudarnos a rectificar nuestra actitud tan poco sostenible; la misma que nos ha llevado ante la encrucijada en la que nos hallamos como especie, en este preciso instante.

Hemos estado siguiendo con estupor creciente  los resultados de los estudios científicos de los últimos veinticinco años en donde se advertía sobre la insostenibilidad del sistema, su visión cortoplacista, sesgada e interesada, negacionista y manipuladora, al servicio de los intereses de las grandes corporaciones y los lobbies… Se han desoído, ridiculizado, puesto en duda y ninguneado las voces informadas de manera sistemática, durante muchas décadas.

Por fin parece que despertamos tímidamente y que somos conscientes de que vivimos en un sistema en espiral, perverso, donde “producimos para consumir y consumimos para producir”, a toda costa, como autómatas deshumanizados. 

Es una dinámica que niega la voz y los derechos de los más débiles y también de la naturaleza, convirtiéndolos en objetos para la explotación sin límites.

En los dominios del neoliberalismo brutal y el capitalismo salvaje, el cambio climático y sus consecuencias, que los negacionistas siguen manipulando a día de hoy, nos ha explotado en plena cara. Desgraciadamente, las distopías apocalípticas relacionadas con fenómenos meteorológicos extremos se están viendo reflejadas en el espejo de la realidad. Es tiempo de emergencia climática y de que los más jóvenes nos saquen los colores a los adultos enfrentándonos a nuestra incapacidad para actuar de manera clara, precisa, contundente, y a nivel global. El resultado: acuerdos que mayoritariamente son papel mojado y que no están solucionando los problemas acuciantes que tenemos. Las cifras que contabilizan las emisiones a la atmósfera así lo demuestran. 

Gastamos millones en estudios científicos, en paneles de expertos, en laboratorios, en cumbres internacionales para seguir sin ponernos de acuerdo ni siquiera en que necesitamos urgentemente ponernos de acuerdo

Algunos, sin embargo, reconocemos que vivimos por encima de nuestras posibilidades respecto al planeta, unos más que otros, dependiendo de donde crecemos y a qué clase social pertenecemos. 

Observamos que las desigualdades son enormes cuando comparamos las huellas ecológicas de diversos países y de distintos colectivos. También su nivel de consumo y su impacto ambiental. 

Somos de la opinión de que ni la Industria 4.0, ni ninguna ninguna tecnología o conocimiento científico nos va a salvar milagrosamente de los cambios que se han puesto en marcha al alterar la composición de los gases en nuestra atmósfera, cambios que son difíciles de predecir. Pero está claro que sobrevivir de la mejor manera posible a los escenarios que se avecinan requiere reformas estructurales, intensas y urgentes del sistema en el que estamos atrapados.

Quienes tenemos conciencia de que cualquiera de nuestras acciones, por pequeñas que sean, dejan huella, a menudo cuestionamos nuestros actos y nos preguntamos si vivimos y consumimos con el menor impacto posible. ¿Qué es mejor, bolsa de plástico, de tela, de rafia, de papel, de bioplástico, biodegradable, reutilizable, reciclable…?, ¿qué bombillas elijo, bajo consumo, led…?, ¿compro coche o no, lo comparto?, ¿qué coche compro, tradicional, eléctrico, híbrido, …? Las respuestas son complicadas y a veces contradictorias. Lo esencial sería agarrarnos a la idea de las segundas oportunidades y procurar alargar la vida de todos los objetos y productos el máximo tiempo posible, antes de que entren en el circuito de la economía circular. 

Son esencia y base del cambio de paradigma que necesitamos, reducir el consumo y decrecer. Es irrefutable el hecho de que “no hay planeta B” y que la sobreexplotación de los recursos, la extinción masiva de especies y el crecimiento de la población están agotando el futuro de la nueva generaciones y arriesgando la supervivencia de nuestra especie en el planeta. 

Nuestra historia solo tiene medio millón de años, y en ese tiempo hemos pasado de prehomínidos a humanos, capaces de trasplantar órganos, curar enfermedades terribles, viajar y lanzar satélites al espacio, volar como Ícaro, alcanzando un bienestar y una esperanza de vida realmente asombrosos. En ese recorrido hubo quienes se quedaron en el camino, como los Neandertales o denisovanos. Hemos llegado hasta aquí como una única especie (”no hay especie B“), los Homo sapiens, y cómo rectificar es de sapiens, nos debemos una segunda oportunidad para reconducir nuestros pasos hacia un futuro sostenible y sostenido. 

Asociación Región de Murcia Limpia 

Ruleta de reciclaje